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BRASIL CON EL AGUA AL CUELLO

Brasil creía estar alcanzando algo parecido al sueño americano, un sueño que permitía a sus ciudadanos disfrutar de comodidades y de una calidad de vida mejor a la que pudieron prever generaciones pasadas, todo esto gracias al impulso de una economía  fuerte y de una reducción impresionante de la pobreza, paradigmas para Latinoamérica.
En poco menos de tres años todo parece haberse derrumbado y es que las cifras de los últimos tiempos no respaldan más el éxito de la política económica. En 2015 sufrió una contracción del 3,8%, una inflación cercana al 10%, cuantiosos déficit gemelos (fiscal y en cuenta corriente de la balanza de pagos), tasas de interés por encima del 11% y una devaluación superior a la colombiana en 2015, lo cual es mucho decir. Las cosas para este año no muestran signos de mejora. Los expertos internacionales consideran que el exceso de otorgamiento de subsidios directos y permanentes a las familias más desposeídas reventó el equilibrio fiscal. Adicionalmente los problemas políticos y sociales tienen la popularidad de la presidenta Dilma Roussef  por el suelo y los casos de corrupción, la disminución de salarios reales y principalmente el aumento del desempleo está colmando la paciencia de los ciudadanos. La tasa de desempleo urbana en febrero llegó a 8,2%, cosa que no sucedía desde hacía nueve años. El número de desempleados en las seis mayores regiones aumentó 43% en comparación con el mismo mes del año pasado. Para Colombia la situación no es tan grave pero preocupa, como quiera que en el trimestre diciembre-febrero sólo en seis de las 23 principales áreas metropolitanas el desempleo bajó frente al mismo periodo anterior.  Más alarmante aún es el alto desempleo juvenil que se registra en Brasil y que llegó al 21% en febrero. En Colombia es del 15%.